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Sobre la desafección hacia la política
Empieza a ser un lugar común el hablar en nuestro país de desafección democrática, de la cada vez mayor distancia entre instituciones y ciudadanía o de la desconfianza generalizada de la gente sobre la forma de proceder de los que nos gobiernan y representan. Y las cosas van empeorando si hacemos caso de las encuestas del CIS, éstas nos indican que en el último año se ha duplicado el número de españoles que afirman que uno de los principales problemas del país son los políticos, por delante de la amenaza terrorista.
Pero, como nos señala Joan Subirats, ese creciente alejamiento de la política institucional de buena parte de los ciudadanos contrasta con el aumento de actividades participativas en esferas no directamente político-institucionales, pero sí muy vinculadas a políticas concretas (solidaridad, cooperación, redes de intercambio). En su opinión, más que un repliegue de los ciudadanos a la esfera privada, lo que nos encontramos es la búsqueda de una esfera pública no asimilable a la que quieren monopolizar las instituciones en sus distintas formas. Los partidos sufren pérdidas significativas de confianza, pero aparecen nuevas formas de coaliciones y grupos que promueven aquí y allá iniciativas de significación colectiva.
La acción política de los ciudadanos se ha ido desplazando hacia el control y la vigilancia, dadas las dificultades de identificarse e intervenir en una política oficial y formal, sentida como ajena. Y en este proceso surge la transparencia como un valor que permite, al menos, que todos podamos saber qué sucede y, por tanto, actuar en un sentido o en otro. Desde la transparencia es posible vigilar un poder que tiende a ser autista y sesgado, y politizar así la desconfianza que ello genera.
Y aquí es donde entra en escena la información y la comunicación. La información ya no es una dádiva que los poderes públicos conceden a los ciudadanos que les son afines sino que es una demanda de éstos. Las administraciones públicas están obligadas permanentemente a comunicar aquellas acciones que ejecutan, por lo que comunicar de manera eficaz se ha convertido en una exigencia propia de nuestras sociedades democráticas. Sin olvidar que el derecho a la información forma parte de nuestro corpus constitucional dentro de los derechos fundamentales y libertades públicas, regulado por el Titulo I de la Constitución en su Capitulo 2, Sección 1.
Además la ciudadanía que no está informada no puede tomar decisiones. Y la información objetiva y veraz es condición sine qua non para la transparencia en la gestión gubernamental. Participación, Comunicación e Información deben estar integradas. Una información que debe estar al servicio del ciudadano y que debe servir para acercarlo a la organización y a las personas que en ella trabajan tanto sean políticos como técnicos. Pero esta comunicación debe ser de calidad y no sumarse al excesivo ruido publicitario y a otros impactos de información que incrementan la competencia por el recuerdo de la noticia y nos conducen a la “infopolución” o a la contaminación informativa que impide al sujeto filtrar con criterio propio la recepción de información.
La sociedad actual es cada vez más compleja y en ella la comunicación se ha convertido en un instrumento básico de relación social. Por ello las instituciones públicas necesitan estar en contacto con el público, pero también los ciudadanos demandan de las instituciones esta comunicación. Las instituciones entienden que están obligadas permanentemente a comunicar aquellas acciones que desarrollan. Comunicar y hacerlo con eficacia se ha convertido en una exigencia propia de la sociedad democrática y, en cierto modo, de la medida de la calidad de ésta; además de servir para incrementar la confianza de los ciudadanos en las instituciones.
Pero no es un camino fácil ni sencillo. En primer lugar, porque a pesar de la importancia del tema, en España no disponemos aún de una ley de acceso a la información (Zapatero ha anunciado que antes de fin de año contaremos con un proyecto de ley) comparable a la que ya existe en más de 80 países del mundo y, entre ellos, en la inmensa mayoría de los países de la Unión Europea. Y en segundo lugar, porque las administraciones públicas españolas se han construido desde la unilateralidad y la jerarquía, y la opacidad ha estado siempre asociada a esa concepción. Las administraciones no dejan de pedirnos datos, muchas veces de manera redundante y superflua. Y en cambio, protegen constantemente sus informes, decisiones y rutinas.
No debemos los españoles, por tanto, dejar pasar la oportunidad que puede suponer la aprobación de la nueva ley. Oportunidad para mejorar el intercambio de información y la mejora de relaciones entre ciudadanía y Administración. Oportunidad para facilitar la participación de los ciudadanos y de sus entidades en los procesos de configuración de las políticas públicas. Y oportunidad para mejorar la eficacia y la eficiencia de las propias administraciones, reforzando la necesaria evaluación y rendición de cuentas.
Los ciudadanos necesitamos poder consultar con facilidad y rapidez los contratos públicos, los cambios de calificación urbanística, los estudios e informes encargados por las administraciones, los criterios de asignación de las subvenciones… De esa forma se facilitará la incorporación de la ciudadanía a una labor hoy por hoy estrictamente institucionalizada y que ha demostrado sus límites y carencias. Sin sustituir los mecanismos reguladores y de control ya existentes en nuestro sistema, podremos contar con la capacidad de vigilancia y seguimiento permanente de cualquiera interesado por los asuntos y decisiones públicas.
Con nueva ley o sin ella los ciudadanos tenemos derecho a que las instituciones públicas nos faciliten toda aquella información que, por otro lado, es considerada pública y por tanto debe estar a nuestra disposición. Algo que debería ser cada vez más sencillo con las nuevas tecnologías de la información y la comunicación.
Todo ello serviría para mejorar tanto la calidad de nuestro sistema democrático como la gestión de nuestras instituciones públicas, reduciendo la desafección ciudadana y la escasa confianza de los ciudadanos en la política y los políticos.
Carmen Pineda Nebot (politóloga, consultora de la Administración Pública)
Mesas Informativas de AxC
Durante el mes de Junio los afiliados de AxC han colocado en la Plaza de la Constitución de Colmenarejo mesas informativas con el objetivo de hacer llegar a los ciudadadanos nuestro Avance de Propuestas para el Municipio y el próximo horizonte electoral que ya se adivina. Durante esta recta final de la caprichosa primavera, tanto en soleadas o como nubladas mañanas de domingo hemos podido compartir con los colmenarejanos sus inquietudes y recibir sus sugerencias y quejas, quejas que por cierto se repiten: seguridad, servicios, limpieza, medio ambiente, deporte, sanidad, desatención a colectivos, etc.
Con la llegada del verano ALTERNATIVA por Colmenarejo seguirá teniendo presencia en la plaza, para seguir recabando la realidad política que palpita en nuestro pueblo y que hay que despertar antes de 2011. Esa realidad de la que los políticos municipales al uso no quieren ni oir hablar, la del compromiso y la participación ciudadana.
En nuestra mesa, si lo deseas puedes afiliarte a AxC o, simplemente, apuntarte para recibir información vía correo electrónico.
¡¡ NOS VEMOS EN LA PLAZA !!.
PORQUE ERES NECESARIO EN ALTERNATIVA por COLMENAREJO
Por Consuelo Toledo, Secretaria General de AxC (30-01-2010)
El Ayuntamiento, desde el Gobierno Municipal, participa en muchos momentos de nuestra vida.
No solo lo hace en meros actos administrativos, impuestos o sanciones sino también en los matrimonios, la escolarización, los cambios de domicilio, las aperturas de negocios… Son muchas las ocasiones en las que, cuando tomamos una decisión que cambiará nuestra vida, pasamos por el Ayuntamiento.
Por eso, este ámbito de gestión y de poder, tan cercano a todos, es el que más nos importa, porque es el que más nos concierne. La política europea, la estatal, la de la comunidad incluso, nos resultan más lejanas; no podemos reconocernos en esos políticos por mucho que hayamos visto su imagen. En lo local en cambio, y en un lugar de dimensiones reducidas como Colmenarejo, sí sabemos qué cara tienen los que nos gobiernan, qué hacen, por donde pasan, cuáles sus aficiones… Por eso esperamos de ellos que no nos defrauden, porque teóricamente tienen nuestros mismos problemas.
Cuando a esos políticos los conocemos más por lo que no hacen que por sus actos, perdemos la confianza en la política. La conocida frase “todos los políticos son iguales” es muy difícil de rebatir. Es un argumento basado en una realidad muy poco edificante.
Pero… ¿conocemos otro sistema mejor?, ¿podemos prescindir de un gobierno en el pueblo, la región, la nación…? Y sin embargo no tenemos que aceptar esa deriva que ha tomado la política, en la que parece que todo vale y que cuando se obtienen los votos suficientes ya no hay que dar más explicaciones.
Es difícil en el modelo de sociedad actual y el tipo de vida que conlleva, encontrar el tiempo para un trabajo que consideramos que no tenemos que hacer. Pero si no lo hacemos nosotros que somos los que sufrimos ese mal gobierno, ¿pensamos que ellos cambiaran por sí solos?
¿Nos conformaremos con pagar impuestos y acatar ordenanzas para recibir poco o nada a cambio? ¿Para que nos nieguen la palabra? ¿Para que nuestras demandas se queden sin respuesta? Es hora de actuar.

Nosotros hemos elegido actuar legítimamente desde un partido político, ALTERNATIVA por COLMENAREJO. Y no solo para conseguir cambiar el modo de gestionar lo público, sino con la idea de colaborar con una forma de hacer diferente, de despertar la conciencia de muchos honestos votantes de los partidos tradicionales. Para que también les exijan esa regeneración tan necesaria en la vida política que no es solo un cambio de caras o de nombres, ni una modernización de sus logotipos, sino algo mucho más profundo y necesario: la recuperación del sentido de servicio al ciudadano, que es, en definitiva, la labor del político.
Claro que nuestro ámbito es muy pequeño, pero nuestro pueblo es un ejemplo paradigmático de cómo un lugar privilegiado y con un presupuesto saneado puede pasar a ser otro desastre ambiental, urbanístico, social y estético, con una deuda inexplicable. Este el resultado de la desidia de algunos, la incompetencia de muchos y la falta de honestidad de unos pocos. ¿Se puede cambiar ese rumbo?.
La respuesta es sí, se puede. Con la participación de todos y la corresponsabilidad. Porque el momento actual requiere ajustes económicos, sí, pero serán los ciudadanos los que tengan la palabra sobre dónde y en qué hacer esos ajustes.
El reto de ALTERNATIVA es difícil, pero no imposible. Los viejos partidos usarán sus armas disuasorias, sus promesas de siempre, harán mítines contra la corrupción en los que se sentarán en el estrado los corruptos. Corrupción no es solo malversar fondos o admitirlo, corrupción es también situar en un cargo público a personas que no tienen valores éticos o capacidad para ejercerlo, corrupción es también cerrar los ojos, no mirar al futuro para seguir favoreciendo determinadas conductas… Ni la izquierda ni la derecha tradicional se han librado de esta forma de gestionar la política; por tanto no son promesas sino hechos lo que habría que exigirles.
La nuestra no es la lucha de David contra Goliat como podría parecer, sino la exigencia de la ética frente a la imposición del poder de los que se ponen de acuerdo para su propio beneficio.
Por eso necesitamos el apoyo de gente que, como tu, reflexiona sobre estos hechos y es consciente de que hay que cambiarlos.
En ALTERNATIVA por COLMENAREJO tienes la palabra, ven a hacerte oír.








